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VACUNACIONES
EN PERROS Y GATOS
Originalmente
publicado en Mi Comarca nº 62, Diciembre 2003,
p. 20.
En
abril de este año salió publicada la noticia
de que todas las facultades de veterinaria de Norte América
estaban desde diciembre de 2002 reevaluando y finalmente cambiando
sus protocolos de vacunación a la luz de los nuevos
descubrimientos científicos sobre inmunidad animal.
Estos últimos descubrimientos básicamente se
resumen del siguiente modo:
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El
sistema inmunitario de un perro o gato es maduro a los 6
meses de edad, con lo que una vacuna de virus vivo modificado
(parvo, moquillo canino, panleucopenia o moquillo felino)
aplicada a esa edad confiere inmunidad de por vida al animal.
Si otra vacuna se aplica al año siguiente, los anticuerpos
generados por la primera neutralizarán los antígenos
de la segunda y habrá poco o ningún efecto
inmunológico positivo: ni aumenta el número
de anticuerpos frente a la enfermedad, ni se inducen células
memoria (que juegan un papel importantísimo en la
inmunidad adquirida).
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No
sólo son las revacunaciones de parvo y moquillo totalmente
innecesarias en un animal adulto, sino que además
lo someten a riesgos potenciales de reacciones alérgicas
y anemia hemolítica autoinmune.
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Los
cachorros y gatitos reciben anticuerpos por la leche materna.
Esta protección natural puede durar de 8 a 14 semanas.
No se debe por tanto vacunar a un cachorro o gatito antes
de las 8 semanas de edad ya que la inmunidad materna neutralizará
la vacuna y esta conferirá poca o nula protección
(0-38%) y además retrasará el tiempo de la
primera vacuna altamente eficaz.
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Las
vacunas administradas en intervalos de dos semanas suprimen
en lugar de estimular el sistema inmunitario. Así
pues, las dosis de recuerdo en cachorros y gatitos deben
darse a las 3-4 semanas de la anterior hasta las 16 semanas
de edad. Después una sola dosis de recuerdo a partir
de los 6 meses (generalmente al año de la última),
conferirá inmunidad para el resto de la vida del
animal.
Esto
se suma a las medidas adoptadas por estas facultades anteriormente
sobre otras vacunas que se consideran también innecesarias
y perjudiciales para la salud de los animales, haciendo que
la tendencia a eliminar las vacunaciones de los animales de
compañía adultos, exceptuando la rabia dónde
lo exige la ley, sea cada vez más extensa.
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