ENVENENAMIENTO
POR PROCESIONARIA DEL PINO EN PERROS
Publicado
en Mi Comarca nº 65, Marzo 2004, p. 20.

En
esta época del año no es infrecuente ver las
filas de orugas procesionarias migrando de los pinos para
enterrarse. Esto presenta un peligro para animales excesivamente
curiosos como los perros, que al tomar contacto con las orugas,
se envenenan. En gatos es mucho más difícil
(aunque no imposible) que esto ocurra, debido a lo selectivos
y cautos que son por naturaleza, a diferencia de los perros.
Hablo de envenenamiento o intoxicación, porque aunque
generalmente se dicen picaduras, las orugas no pican, de hecho,
el simple contacto con una zona por donde han pasado o se
ha caído un nido y haya pelillos de las orugas, puede
provocar esta afección. Esto es debido a que los pelos
de las fases larvarias de la procesionaria del pino (Thaumatopoea
pityocampa) contienen un veneno, la thaumatopina, el cual
les confiere capacidad urticante para su propia supervivencia.
Así
pues, los perros se afectan por contacto directo con los pelos,
los cuales necesitan clavarse sobre la piel intacta para liberar
el veneno. La zona más afectada en los perros es la
boca, sobre todo la lengua, porque suelen lamer las orugas
o la zona con pelos, pero si los pelillos se meten en los
ojos (por ejemplo, arrastrados por el viento), la reacción
también puede darse ahí.
Los
síntomas más característicos que
produce esta intoxicación son hipersalivación
(babeo exagerado), excitación, dolor, prurito facial
(intenta rascarse la cara), inflamación edematosa de
labios y cavidad bucal (lengua hinchada) e incluso de la cabeza
en general y a veces vómitos. La evolución normal
si ha habido contacto con la lengua y/u otra parte de la mucosa
oral, es que la zona afectada de esta se necrose (se muera
el tejido), cambiando de color y termine cayéndose
ese trozo. Si el veneno llega a la laringe es un gran peligro
ya que el animal puede morirse por asfixia. Y también
hay riesgo de shock anafiláctico en animales particularmente
sensibles o por envenenamientos sucesivos, que pueden derivar
en la muerte del animal.
El
tratamiento debe instaurarse lo antes posible, preferiblemente
en cuanto nos demos cuenta de que el animal está afectado.
Se trata de una urgencia. La primera medida que recomiendo
es lavar abundantemente la zona con agua templada con limón
o vinagre. Aparte de una serie de procedimientos que puedan
ser necesarios dependiendo de la severidad de cada caso en
particular, el tratamiento convencional típicamente
se basa en corticoides y antihistamínicos principalmente.
Personalmente no me impresiona, ya que el control de la inflamación,
posible infección y demás puede lograrse igualmente
con tratamiento homeopático adecuado, pero además
la clara ventaja que presenta la homeopatía dada a
tiempo es que se puede prevenir la necrosis y desprendimiento
de la lengua, además de provocar una curación
mucho más rápida en la mayoría de los
casos.
Aún
así, la mejor medida para luchar contra esta intoxicación
es la prevención. Durante la temporada de las
procesiones de las orugas, hay que estar vigilantes y evitar
que los perros se paseen alrededor de pinos en que se observen
nidos o zonas dónde se vean las hileras de orugas.
Si en nuestros domicilios hay pinos con nidos, debemos responsabilizarnos
de podar esas ramas y quemar los nidos antes de que salgan
las filas de orugas para evitar la eclosión de las
larvas. Con esta última medida, de paso, les haremos
un favor a los pinos al sanearlos.